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SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Sunday, February 17, 2019 - 09:30 to 18:30
CAPILLA DEL SANTÍSIMO

 

La Catedral celebra la eucaristía en este Sexto Domingo del Tiempo Ordinario a las 11:00 y a las 12:30 en la Capilla del Santísimo

Cuando se habla de las Bienaventuranzas, el pensamiento va inmediatamente a la primera de ellas: «Bienaventurados vosotros, los pobres, porque vuestro es el reino de Dios». Pero en realidad el horizonte es mucho más amplio. Jesús traza, en esta página, dos modos de concebir la vida: o «por el reino de Dios» o «por la propia consolación», esto es, o en función exclusivamente de esta vida o en función de la vida eterna. Esto es lo que evidencia el esquema de Lucas: «Bienaventurados vosotros – Ay de vosotros»: «Bienaventurados vosotros, los pobres, porque vuestro es el reino de Dios... ¡Ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo».

Dos categorías, dos mundos. A la categoría de los bienaventurados pertenecen los pobres, los hambrientos, los que ahora lloran y los que son perseguidos y proscritos a causa del Evangelio. A la categoría de los desventurados pertenecen los ricos, los saciados, los que ahora ríen y los que son llevados en la palma de la mano por todos.

Jesús no canoniza sencillamente a todos los pobres, los que padecen hambre, los que lloran y son perseguidos, como no demoniza simplemente a todos los ricos, los saciados, los que ríen y son aplaudidos. La distinción es más profunda; se trata de saber sobre qué cosa uno fundamenta su propia seguridad, sobre qué terreno está construyendo el edificio de su vida: si sobre aquél que pasa o sobre aquél que no pasa.

La página de hoy del Evangelio es verdaderamente una espada de doble filo: separa, traza dos destinos diametralmente opuestos. Es como el meridiano de Greenwich que divide el este del oeste del mundo. Pero por fortuna con una diferencia esencial. El meridiano de Greenwich está fijo: las tierras que están al este no pueden pasar al oeste, igual que está fijo el ecuador que divide el sur pobre del mundo del norte rico y opulento. La línea que divide, en nuestro Evangelio, a los «bienaventurados» de los «desventurados» no es así; es una barrera móvil, absolutamente posible de atravesar. No sólo se puede pasar de un sector a otro, sino que toda esta página del Evangelio fue pronunciada por Jesús para invitarnos y animarnos a pasar de una a otra esfera. La suya no es una invitación a hacernos pobres, ¡sino a hacernos ricos! «Bienaventurados vosotros, los pobres, porque vuestro es el reino de Dios». Pensemos: pobres que poseen un reino, ¡y lo poseen ya desde ahora! Aquellos que deciden entrar en este reino son, en efecto, desde ahora hijos de Dios, son libres, son hermanos, están llenos de esperanza de inmortalidad. ¿Quién no desearía ser pobre de esta forma? P. Raniero Cantalamessa, ofmcap