Artículos Históricos

Una historia hasta el traslado y la primera eucaristía en la Catedral

Un 15 de agosto del 1558 Segovia celebraba el traslado del Santísimo y la primera eucaristía en el nuevo y anhelado templo. Antes de llegar hasta este importante acontecimiento hay que retroceder 33 años hasta el 1525 con la colocación un 8 de junio de la primera piedra en la Portada del Perdón, a los pies de la Catedral.

La construcción del nuevo templo catedralicio se enmarcó en un largo debate que había surgido décadas atrás sobre la necesidad de trasladar la antigua catedral de Santa María y alejarla del Alcázar de Segovia, entre otros motivos, debido al debilitamiento defensivo que suponía tener frente al castillo el templo, además de que los oficios divinos se veían alterados frecuentemente.

Enrique IV ya intentó construir una nueva catedral lejos de la fortaleza, aunque sin éxito. En esa propuesta ofreció reedificar el palacio episcopal pero el Cabildo, por aquel entonces, era reacio a abandonar el lugar, donde la catedral, oficinas y viviendas formaban un todo.

Ya en el siglo XVI, concretamente en el 1510, empezaban a surgir puntos de encuentro que facilitarían en el futuro este deseado cambio de ubicación y la construcción de una catedral que ennoblecería Segovia acorde a su influencia política, económica y religiosa durante la época. Ese mismo año, Fernando el Católico se dirigía al Consejo de Segovia exponiendo el deseo del obispo don Fadrique de Portugal y del Cabildo de que “sería bien que la iglesia mayor se mudara a la plaza desa dicha cibdad en el sitio de Santa Clara…”.

Santa Clara, denominado la Nueva, era un antiguo convento que estaba situado donde hoy se levanta la cabecera del la Catedral. Una de las primeras referencias documentales sobre este convento de clarisas data del 1342 y se sabe que años más tarde, en el 1399, se sometió a una ampliación gracias a la donación realizada por doña María de Luna con la compra de casas y solares conjuntos. En la ciudad de Segovia existía otro convento de clarisas, nombrado Santa Clara la Vieja, que se localizaba en la actual casa y convento de Santa Isabel. 

A mediados del siglo XV, el papa Eugenio IV ordena mediante la bula 23-VII-1440 la unificación de las clarisas en un solo convento y el lugar elegido es el monasterio de San Antonio el Real, mandado a edificar por Enrique IV en 1454 como casa de recreo y, tras ello, donado en 1455 a los franciscanos, convirtiéndolo en convento bajo la advocación de San Antonio.

El traslado de las religiosas de Santa Clara la Nueva no se produjo hasta el 1488 -10 años después se mudaron las clarisas del convento de Santa Isabel-, y fue un asunto en el que la propia Isabel La Católica se involucró de forma activa. Entre otros motivos organizativos, esta mudanza se justificaba por la ubicación del convento junto a la plaza “donde oyan todos los alborotos e tumultos de los juegos y espectáculos e fiestas públicas que se hazían en esta ciudad”, además de que su fábrica estaba muy deteriorada.

Tras este cambio de ubicación, el Cabildo compra en el 1511 por 600.000 maravedís los terrenos que ocupaban Santa Clara la Nueva: un claustro de dos plantas con sus dependencias, casas, corrales, huertas, la iglesia y una torre. Aunque es cierto que por esa fecha esta adquisición obedecía más a una inversión para agrupar esta propiedad con las numerosas casas y fincas ajenas que ya poseía.

La idea de levantar una nueva catedral alejada del Alcázar se aceleró nueve años después con el estallido en 1520 de la Guerra de las Comunidades, que terminó con la victoria del Carlos I en 1522. En Segovia, los comuneros se atrincheraron en la antigua catedral de Santa María y en su robusto campanario desde donde atacaban el Alcázar que era defendido por los realistas. Tras la batalla y derrota de los comuneros, el templo sufrió daños que podrían haber sido restaurados, pero todos deseaban su asentamiento en otro lugar, aunque el Cabildo sí había expresado la posibilidad de recuperar el templo.

Finalmente, la decisión se oficializó el 18 de agosto del 1523 cuando Francisco de los Cobos, secretario de Carlos I, escribía al obispo de Segovia, Diego de Ribera, y al Ayuntamiento: “avemos acordado que la iglesia Cathedral desa obispalia se mude del lugar donde agora está a otra parte de la dicha çibdad”.

Tras adquirir el Cabildo más casas y solares, la nueva Catedral empezó a construirse un 8 de junio del 1525 por los pies, hecho extraño, pero que se justificaba para aprovechar la iglesia del convento de Santa Clara y celebrar el culto diario. Esta iglesia se mantuvo junto al resto del complejo conventual hasta que llegó el 1558 y las obras estaban muy avanzadas por lo que el traslado del Santísimo Sacramento desde el convento hasta el nuevo templo era deseado, además de necesario para derribarlo y proseguir con los trabajos de construcción en el crucero, cabecera y cimborrio.

Al inicio de ese 1558, un año crucial para la fábrica de la Catedral, todo estaba dispuesto pero antes había que terminar el interior, adecentarle y dotarle de todo lo necesario para el culto. El 4 de agosto se anunció que el traslado del Santísimo sería el 15 de agosto, coincidiendo con la festividad de la Asunción de Nuestra Señora.

Los actos comenzaron con una procesión a las siete de la mañana que partió desde la iglesia de Santa Clara para celebrar la primera eucaristía en el interior del templo, presidida por el obispo Gaspar de Zúñiga y Avellaneda. En cuanto a la procesión, instrumentos musicales, cofradías y numerosas parroquias abrían el desfile que contaba, como punto principal, con el traslado de las reliquias de San Frutos y sus hermanos -San Valentín y Santa Engracia-, de la imagen de Nuestra Señora de la Paz portada por 12 clérigos, para cerrar con el Santísimo Sacramento que se situaba bajo un rico palio llevado por 24 regidores y caballeros.

Durante este día el interior de la Catedral y la ciudad se llenó de luminarias. Según recogió el ilustre historiador segoviano y sacerdote, Diego de Colmenares, “todo el ventanaje de nuestra ciudad cuajado de luces. Y como por la altura de su sitio está descubierta a las llanuras de Castilla la Vieja, de muchos de sus pueblos se divisaban las luces que sin duda pasaban de veinte mil”. 

Las celebraciones de este gran acontecimiento finalizaron el 25 de agosto con el traslado desde las ruinas de la antigua catedral de Santa María del sepulcro del infante don Pedro, de diferentes prelados, además de los restos de María del Salto. 

Daba comienzo la segunda campaña constructiva 1558-1577.

 

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