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CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO
Domingo, 23 Diciembre, 2018 - De 09:30 hasta 18:30
CAPILLA DEL SANTÍSIMO

La Catedral celebra la eucaristía en este IV Dominio de Adviento a las 11:00 y 12:30 en la Capilla del Santísimo

Lutero dice que Dios hizo tres cosas: Dios se hizo hombre. Una virgen concibió. María creyó. La más difícil y la más grande es María creyó.

Se acaba el tiempo de Adviento, todo el tiempo concentrado en cuatro semanas desde el Dios hecho hombre en la primera Navidad hasta el día de la gran final, la segunda venida de Cristo en gloria y majestad.

Nosotros vivimos más el Adviento con la vista puesta en el pasado conocido que en el futuro desconocido que es el futuro de nuestra plenificación. 

Ya cercana la Navidad el evangelio nos invita a contemplar la escena de la visitación de María a su prima Isabel.

María e Isabel, dos mujeres, y las dos sorprendidas y agradecidas. Dios es el primero que las visita y las bendice con el don de la maternidad.

No son dos embarazos normales, la normalidad de Dios nada tiene que ver con nuestra normalidad.

María, muy joven, prometida al joven José, no conoce aún varón, pero conoce y es conocida por Dios. María, en su casa y en sus cosas, es visitada por Dios y es invitada a vivir la aventura de la maternidad y de la fe sin entender nada. 

¿Cómo puede comprender algo una joven de unos 13 años? El plan de Dios, los caminos de Dios, no caben en la cabeza de María ni en la nuestra. María, pobre e ignorante, se abrió a Dios incondicionalmente y Dios hizo su obra. Todo en la obra de la salvación es obra de Dios.

Isabel, casada con Zacarías, ambos viejos, viven en fidelidad a las promesas y a al Alianza del Antiguo Testamento. Oran y esperan. Dios les bendice con el mejor don para un matrimonio judío, un hijo.

María, joven bajo sospecha de pecado e Isabel embarazada de vieja hace el ridículo y sería motivo de más de una broma pesada. Las dos necesitan compartir sus alegrías y sus miedos en la intimidad, lejos de las miradas burlonas y de los comentarios maliciosos en esta visita más terapéutica que teológica.

Estas dos embarazadas, ¿de qué hablarían en la intimidad? Vigiladas y blanco de las críticas necesitaban soledad, silencio y comprensión.

El evangelista pone la nota teológica y le da a este encuentro la dimensión religiosa y mesiánica que llega hasta nosotros a través del saludo de Isabel.

“Bendita tú entre las mujeres”. Nuestros saludos son más prosaicos y más rutinarios. La imaginación del evangelista nos presenta a Isabel como conocedora no sólo del presente sino también del futuro. María es la mujer elegida y amada por Dios. La mujer que será aclamada a través de los siglos como la madre de Dios a la que saludamos con el mismo saludo de Isabel en el Ave María.

El saludo de Isabel se hace más teológico, más profundo y más evocador con el saludo con el que Dios sigue saludando a todos sus hijos: Bendita tú que has creído.

Sólo la fe redime y explica lo inexplicable. Sólo por la fe aceptamos y damos sentido cristiano a las profecías de Isaías y de Miqueas.

María es el prólogo y el epílogo de esta historia maravillosa e increíble que da cuerpo al Mesías, Jesucristo.

María creyó. Todos necesitamos una caloría de fe al día para seguir celebrando y viviendo el mensaje de la Navidad. La fe es el telescopio que nos acerca lo que está lejos, que agranda lo pequeño y nos lo hace visible.

María e Isabel, dos mujeres embarazadas, dos hijos que saltan de alegría en el seno de unas madres que, en la intimidad, hablan de sus cosas, de sus sueños…

Termina el Adviento, el sueño que llevamos dentro se hace realidad porque somos soñados por Dios. P. Félix Jiménez Tutor, escolapio