Enlosado

El enlosado se sitúa en la fachada occidental. Una esplanada para contemplar una parte poco conocida del templo. Una pared pendiente adornada con pirámides y leones, que sostienen en las garras las armas de España, la Ciudad de Segovia y el Cabildo, cierran este espacio. El conjunto del pavimento del enlosado está cubierto por las sepulturas que hasta finales del siglo XVIII se encontraban en las naves de la Catedral. 

Al enlosado se accede desde el interior del templo, a través de uno de los accesos desde la fachada occidental. El fin de abrir este enorme espacio frente a la Catedral no fue otro que prohibir que cualquier edificación perturbara las vistas del templo. Las escalinatas de granito fueron reformadas por J. Odriozola en 1899 al tiempo que se protegían con las actuales verjas.

Destaca sobre la fachada occidental la Puerta del Perdón en cuyo parteluz se asienta la imagen de Nuestra Señora, procedente de la antigua catedral. Mirando sobre esta fachada, se puede contemplar la altura de la torre y, a su derecha, el magestuoso cuerpo de la Sala Capitular y de la Antigua Librería, ahora reconvertida en la Sala de Tapices y Ornamentos Litúrgicos. En el lado izquierdo de la fachada, junto a la calle Marqués del Arco, es visible el cubo de la Almuzara que en su interior se erige una escalera de caraco diseñada por Pedro de Brizuela, a imitación de la del campanario.

 

Cronología de su construcción

En la fachada occidental de la catedral se abre un amplio espacio denominado Enlosado. En el siglo XVI el ayuntamiento y los segovianos eran conscientes de la belleza de la catedral e intentaron resaltarla liberándola del caserío que había alrededor. En 1556 el cabildo acordó que no se construyeran casas ni tiendas en toda la calle Almuzara y no se arrimasen construcciones a la fachada de la catedral.

En 1580 se derribaron algunas casas y en 1587 se hizo una especie de encuesta a algunos ciudadanos preguntándoles si les parecía oportuno el derribo de estas construcciones para que “quedara un hermoso sitio de entrada”. Las respuestas fueron unánimes y consideraban de mal gusto la existencia de inmuebles junto a la Catedral.

En el siglo XVI se comienza a pavimentar este espacio llamado en los documentos “atrio” con grandes losas de granito de la cantera del Ciguiñuela. En el archivo de la Catedral se conserva una planta que dice “Traza para enlosar el atrio”, posiblemente del siglo XVII. El espacio se comenzó a cerrar en 1700 y mientras se trabajaba en la construcción de los muros perimetrales Bartolomé Sánchez del Río tallaba los leones que hay en las esquinas. En 1754 se colocaron las pirámides.

En el último tercio del siglo XVIII el cabildo decide cambiar el pavimento de la catedral con un proyecto diseñado por Juan de la Torre y López. Para ello levantaron las laudas que cubrían el pavimento del interior de la Catedral –respetando los cuerpos- y se trasladaron al Enlosado.

José María Quadrado lo recoge así: “Campea serio y elegante al fondo de una vasta lonja enlosada con las lápidas que se sacaron de la iglesia para renovar el pavimento”. La riqueza simbólica de estas laudas recoge la iconografía propia del Barroco: calaveras, huesos cruzados, flechas en las dos direcciones y el escudo nobiliario con la identidad del difunto convirtiendo la sepultura en el eslabón para no olvidar.

El Enlosado se cierra definitivamente de la mano del arquitecto Odriozola en 1899 con las escalinatas de acceso. En el año 2002 se vuelve a actuar en este espacio cubriéndolo por completo con losas de granito. En 2010 otro proyecto intervino en las escalinatas y la disposición del drenaje.