La huella francesa en la Catedral de Segovia

Algunos franceses forman parte inseparable de la historia de Segovia y su catedral, construida entre 1525 y 1686 en un estilo gótico tardío. Franceses que cruzaron los Pirineos para desarrollarse profesionalmente en una suerte de intercambio, recayeron en Segovia y dejaron su impronta en la antigua catedral, situada frente al Alcázar, y en la nueva. Desde Juan Guas que diseñó el claustro a finales del siglo XV en la catedral vieja, hasta la empresa familiar francesa de vidrieras Mauméjean, autora de las vidrieras en 1916 de la Capilla Mayor, el país vecino cuenta con una representación de artistas más o menos conocidos que aportaron estilo y conocimientos para el embellecimiento de su interior. 

Llegada de franceses a la Diócesis de Segovia

Francia ha sido históricamente un país de referencia para el desarrollo y difusión del catolicismo en Europa. Clodoveo I (481-511 d.C.), primer rey de los francos que unificó prácticamente toda la Galia, se convirtió al cristianismo lo que le valió adquirir el título para la actual Francia de “Hija mayor de la Iglesia”. La tradición cristiana se cimentó con el paso de los siglos hasta ser promotora de la religión, defensora de la fe y ejerció un papel importante para el renacimiento del catolicismo en la Península Ibérica tras la reconquista de los territorios, antes en manos de los musulmanes, especialmente en los siglos XI y XII, con el inicio de la reforma gregoriana por parte del papa San Gregorio VII.

El rey Alfonso VI tomó Segovia en 1088 y promovió la llegada de clero extranjero y órdenes religiosas para restaurar la Diócesis en el territorio recuperado. Entre ellas, la Orden de Cluny que experimentó un auge con la construcción de la abadía de Cluny, en la región de Borgoña, entre 1088 y 1130, y llegó a convertirse en un referente espiritual y arquitectónico en toda Europa. Es en ese contexto, y de acuerdo a la voluntad de Alfonso VI, se produjo la llegada a Segovia del francés Pedro de Agen (Pierre d’Agen), primer obispo de la ciudad tras la reconquista y primer eclesiástico extranjero de la diócesis. Reclutado por el arzobispo de Toledo Bernardo de Cluny, fue obispo de Segovia desde 1120 hasta 1148. Juan de Castellmorum (Jean de Castelmoron-d’Albret), también francés, sucedió a Pedro de Agen, y tiempo después, en 1374, ocupó la silla episcopal Hugo de Lamanhania, proveniente del sur de Francia.

Contribución artística de personajes franceses a la Catedral de Segovia

La influencia francesa no se limitó solamente al apoyo eclesiástico, sino que igualmente maestros de cantería, escultores o pintores llegaron para reformar y construir iglesias y catedrales. El cabildo y obispos segovianos recurrieron a algunos artistas de origen francés que se contaban entre los más reconocidos de su época para diseñar y participar en la construcción de obras y espacios de la antigua y de la nueva Catedral.

El primero de ellos fue Juan Guas, arquitecto del periodo final del gótico conocido por su aportación a la arquitectura castellana mediante su singular estilo isabelino, que mezcla características flamígeras y mudéjares. Originario de Lyon, en la región Auvernia-Ródano-Alpes (Auvergne-Rhône-Alpes), fue encomendado a construir el claustro de la antigua catedral por el obispo Juan Arias Dávila en 1471, finalizado hacia 1491. Suyo es también el diseño de la portada de acceso al claustro, financiada por la reina Isabel la Católica, que hizo de Juan Guas su arquitecto predilecto. Es obra del maestro de Lyon la pila bautismal con las armas de Enrique IV, hermano de Isabel de Castilla, ubicada en la capilla de Santa Bárbara, y la capilla de los Cabrera. Coincidió con la voluntad del cabildo en transformar la antigua catedral para que se convirtiera en un edificio más actual con los gustos del momento, los criterios estéticos imperantes, y ante una Iglesia local en pleno apogeo. La Guerra de las Comunidades, 1520-1522, provocó daños en la catedral vieja, y el impulso de la construcción de una nueva en 1525. No hubo debate, y debido a su riqueza artística-arquitectónica se trasladaron el claustro y resto de obras realizadas por Guas hasta la catedral en construcción. 

Juan de Juni (Jean de Joigny) fue un escultor del siglo XVI que debe su nombre al pueblo de Joigny en Borgoña (Bourgogne). Formado en Francia e Italia antes de llegar a España en 1533, se instaló en Valladolid para fundar su taller de donde salieron obras como el retablo Llanto sobre Cristo Muerto que se puede contemplar en la capilla de la Piedad de la Catedral de Segovia. Para el diseño de este retablo hubo de inspirarse en las conocidas “Mises au tombeau” (Entierro de Jesús) representadas en las esculturas de Borgoña y Champaña de los siglos XV y XVI. Su estilo se inscribe en la corriente del “manierismo” caracterizada por  una intensa teatralidad, dinamismo y monumentalidad con proporciones exageradas, efectos de movimiento muy evidentes y figuras humanas con rostros expresivos.

Humberto Dumandré (Hubert Dumandré) fue escultor y arquitecto. Llegado a España muy joven tras formarse en Francia con el maestro Guillaume Coustou, es llamado en 1728 por el rey Felipe V, primer rey de la Casa de Borbón en España. Impulsó en la Corona española el clasicismo francés y el Barroco clasicismo italiano, para apartar poco a poco el Barroco español. En su taller instalado en Valsaín, Dumandré trabajó para toda la provincia y a él se le debe el retablo de la capilla del palacio de Riofrío, en 1758. Este retablo de mármol se llevó al trascoro de la Catedral entre 1782 y 1783 tras la solicitud del Cabildo al rey Carlos III. Originalmente, estaba formado de un único cuerpo, el central, y se añadieron dos laterales para cubrir el ancho del trascoro, de pilar a pilar de la nave central.

José Mauméjean (Joseph Jules Mauméjean) fue miembro de la casa Mauméjean, prestigiosa familia de vidrieros de los siglos XIX y XX, con una producción enfocada, especialmente, a España y Francia pero que se extendió también a otros países de Europa. José Mauméjean se afincó en España con una actividad prolífica capaz de responder a los pedidos de catedrales, iglesias o basílicas, que demandaban obras tradicionales con trazas de modernidad. La casa Mauméjean fue la encargada en 1916 de fabricar las siete vidrieras del ábside, en las que se representan a la patrona de Segovia, Nuestra Señora de la Fuencisla, y a los santos segovianos san Geroteo, san Valentín, san Frutos, santa Engracia y san Alfonso Rodríguez. La vidriera restante hace precisamente alusión a un santo, en este caso francés, y recuerda a san Remigio de Reims, obispo que bautizó al mencionado rey Clodoveo I, y que probablemente se deba su inclusión a que el obispo segoviano que sufragó estas vidrieras, Remigio Gandásegui, quisiera   honrar de esta forma a su patrono. 

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