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Órgano del Evangelio

En 1769 se inician los trabajos de un nuevo órgano para el lado del Evangelio, dentro del coro, gracias a la donación hecha por el Obispo de Segovia, Juan José Martínez y Escalzo. El Cabildo Catedral recurrió a Pedro Manuel de Echevarrría, aunque en la práctica será su hijo, José de Echevarría, quien realizara la construcción del órgano por la cantidad de 20.000 ducados.

La caja, que alcanza los 19 metros de altura, fue encargada al ensamblador y tallista madrileño Juan Maurat y, seis meses más tarde el 23 de junio de 1770, Santiago Casado, el mismo que doró la caja del órgano de la Epístola, presenta las condiciones para su decoración. Ambos trabajos fueron terminados en 1771 y, en 1773, José de Echevarría entrega el órgano al Cabildo y se le abonan los últimos pagos pendientes.

La  primera actuación de mantenimiento se llevó a cabo seis años después, por José de Echevarría y consistió en apear, limpiar y afinar el órgano del Evangelio y su opuesto, el órgano de la Epístola. Adentrados en el s. XVIII, tras la Guerra de la Independencia(1808-1814), el organero Tomás Risueño se dirige al Cabildo para dar a conocer el mal estado del órgano y, finalmente, la actuación se retrasa hasta 1822.

Pero fue en 1892 cuando el órgano del Evangelio fue objeto de una profunda reforma de la mano de Juan Otorel, cambiando en lo instrumental hacia una orientación romántica, aunque manteniendo la práctica totalidad del órgano de José de Echevarría.

Las intervenciones durante el siglo pasado fueron constantes aunque en aspectos concretos, y no fue hasta 1954 cuando se intervino a gran escala, con la instalación de un ventilador eléctrico y, hasta hoy, el mantenimiento es periódico, destacando su buen funcionamiento.

Proceso de restauración del órgano

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