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Capilla Mayor

La Capilla Mayor es uno de los espacios más importantes de la Catedral al ser lugar de celebración de la eucaristía, en este caso, en las solemnidades. Situada en la cabecera, se conforma por el presbiterio donde se disponen los elementos necesarios para la celebración litúrgica: altar, ambón, cátedra del obispo o los sitiales de los celebrantes. Destaca la formidable bóveda de crucería de planta cuadrada resuelta con arcos ovales, dobles terceletes en ambas direcciones y 45 claves. Sus nervios secundarios se disponen formando tres rombos concéntricos que, al cruzarse con los nervios principales, generan una trama en cuadrícula. La cúpula que cubre el ábside de la catedral de Segovia se construyó en el primer tercio del siglo XVII. Está dividida en siete partes con triforio.

En esta espacio destacaba el retablo mayor diseñado por el arquitecto de origen italiano Francisco de Sabatini. El retablo del Altar Mayor de la Catedral de Segovia se compone de dos cuerpos de alturas diferentes. El cuerpo inferior cuenta con cuatro grandes columnas de fuste liso y capitel jónico, una hornacina donde se encuentra la talla de Nuestra Señora de la Paz y dos grandes imágenes barrocas que representan a San Frutos, patrón de Segovia, y San Geroteo, primer obispo de la ciudad según la tradición cristiana. Sobre este cuerpo se dispone otro más pequeño en el que se sitúan dos imágenes de los santos segovianos San Valentín y Santa Engracia, hermanos de San Frutos, además del anagrama de la Virgen rodeado de nubes y cabezas de serafines, aludiendo a su asunción a los cielos. Fue financiado por Carlos III debido a las grandes necesidades económicas que padecía el cabildo de la Catedral, interesado en dignificar este espacio.

El monarca envió a Miguel de Múzquiz -Ministro de Hacienda- y a Francisco Sabatini para reconocer el plan que se llevaría a cabo en la Capilla Mayor. El arquitecto realizó tres diseños diferentes, regulando el coste que supondría cada uno de ellos, y el rey escogió el que posteriormente sería ejecutado. Además, Carlos III resolvió que la obra debía realizarse en cinco años en los talleres del Palacio Real de Madrid. Una vez finalizado, fue necesario hacer varios viajes para trasladarlo a la Catedral. Para su construcción se utilizaron piedras procedentes de diversas canteras españolas y de Génova. La combinación de dicha variedad de materiales requirió de una enorme destreza por parte de los ejecutores.

Una vez finalizado, Sabatini decidió eliminar las vidrieras de la Capilla Mayor en la que estaba pintado el Apostolado, el martirio de San Pedro y varios pasajes de la vida de Cristo. En su lugar, se colocaron ventanas de vidrio blanco para que la luz penetrase de forma más directa y dotase de mayor luminosidad al retablo. La obra de Sabatini, que puede contemplarse durante la visita a la Catedral, es una manifestación de la influencia que tenía el arte cortesano en Segovia, gracias a la cercanía del Palacio Real en la localidad vecina de La Granja.

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