La torre de la Catedral de Segovia: la más alta hasta 1614

  • Alcanzaba los 108 metros de altura
  • Fue destruida por un incendio el 18 de septiembre de 1614
  • Reconstruida con un cuerpo en piedra sobre el campanario de media naranja y cupulín 

La Catedral de Segovia también sufrió el 18 de septiembre de 1614 el envite de la naturaleza cuando un rayo calcinó el antiguo chapitel de madera que perfilaba la torre de la Catedral, más alta que la de Sevilla y más ancha que la de Toledo. Septiembre es conocido por las tormentas, pero la de aquel año dejó una huella que cambió el cielo de Segovia para siempre.

La construcción de la nueva catedral de Segovia dio comienzo el 8 de junio de 1525 y en el empeño del rey Carlos I, Cabildo, Ciudad –nombre que recibía el Ayuntamiento- y todo el pueblo de Segovia se buscaba un templo emblema y de referencia para toda la cristiandad. El arquitecto D. Juan Gil de Hontañón fue el encargado de dar forma a este proyecto ilusionante, en el cuál, la torre tendría especial importancia.

Una vez levantado y finalizado el soberbio campanario en 1548, el Cabildo encargó a D. Juan del Pozo el modelo de chapitel, eligiéndose como material la madera de los pinos de Valsaín, y con gran parecido al chapitel de la Catedral de Toledo. En abril de 1568 se compró la madera y en agosto de ese mismo año se paga a Antonio Asenjo 40.000 maravedís por la veleta y la cruz que remataban los 108 metros de la torre, contando los 25 metros últimos de chapitel, que 46 años después caerían derrotados por el fuego.

La gran tormenta 

La tormenta que cambió el perfil de Segovia empezó después de la oración, según cuenta el historiador segoviano Diego de Colmenares, autor de «Historia de la insigne Ciudad de Segovia y compendio de las historias de Castilla»–1637-. Su relato nos da una idea de la conmoción que vivieron todos los segovianos ese jueves 18 de septiembre de 1614, que se hallaban inmersos en los actos de recibimiento del Rey Felipe III:


juegos de cañas, con libreas costosas y varias, donde la caballería y nobleza mostraba la alegría del recibimiento de su Rey.

Esa alegría se vio enturbiada cuando empezó a soplar un viento de forma huracanada que jamas se han visto en aquella ciudad. Los relámpagos encendieron el cielo y uno de los rayos provocó la llama que derritió el plomo que revestía el chapitel como si fueran canales por espacio de tres horas.

Cuenta el relato que todos los vecinos acudieron a los alrededores sofocando el fuego de todas las maneras posibles y tratando de acotarlo. Una vez consumido el plomo y la madera quedaron tranquilos al ver que las campanas no habían sufrido daños importantes.

Reconstrucción 

A los dos días del incendio, el sábado 20 de septiembre, el Cabildo de la Catedral dio las gracias a la Ciudad a través de los canónigos D. Luís Coronel y el Arcediano de Sepúlveda. Además, Ciudad y Cabildo acordaron nombrar dos caballeros para que les ayuden a pedir en la ciudad a los vecinos de ella en compañía del Corregidor y recoger limosna destinada a la reconstrucción de la torre.

También, se solicitó por carta al rey Felipe III las “facultades de sisa” del vino, impuestos que grababan géneros y que eran concedido por el rey, para así sufragar los gastos de la reconstrucción. Finalmente fue aprobado este impuesto, lo que supuso gran recaudación y alegría entre las autoridades civiles y eclesiásticas.

El obispo de Segovia, D. Antonio Idiáquez aportó 6.000 ducados, los prebendados 5.000, Ciudad y Linajes 4.000 y las aportaciones populares ascendieron a 13.000 ducados. Las donaciones y limosnas continuaron durante varios años.

El espacio dejado por el antiguo chapitel fue sustituido por la estructura diseñada por el arquitecto del barroco segoviano, Pedro de Brizuela, que conservó los cuatro botareles góticos sobre los que se apoyaba la estructura de madera y se levantó un cuerpo octogonal, cubierto por una media naranja y cupulín. Este diseño fue ejecutado por Juan de Mugaguren por 11.000 ducados, finalizándose la obra en tres años.

 

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